El socialista portugués José Sócrates se ha unido a Zapatero como uno de los dos únicos partidos socialistas que ha resistido la crisis y conservado el gobierno en Europa (aunque a tenor de las encuestas, el caso español podría variar si hubiera elecciones anticipadas). No obstante, perdió la mayoría absoluta. Y en el escenario portugués, marcado por el multipartidismo, eso es peligroso.Su muy discutible gestión de la crisis le llevó a una derrota sonada en las elecciones europeas, aunque mucho optimistas quisieron ver en ello un voto de castigo en unas elecciones que tradicionalmente se consideran como irrelevantes. Pero el voto socialista ha permanecido fiel, y los que se han ido lo han hecho a los partidos más cercanos: el Bloco de Esquerda a la izquierda (una coalición similar a la española Izquierda Unida, pero más a la izquierda) y el CDS (democracia cristiana), en lugar de ir al Partido Social Democrata (que, a pesar del nombre, es el homólogo portugués del Partido Popular español), que no ha llegado al 30% de los votos, en buena medida gracias a la debilidad de su candidata, Manuela Ferreira Leite.
Así las cosas, Sócrates tiene dos opciones: pactar, bien con el CDS o con el Bloco, o intentar un Gobierno en minoría con pactos puntuales. Parece que ésta última es su opción preferida, aunque dentro de su partido ya se han alzado algunas voces pidiendo la coalición con el Bloco.
Discurso del victorioso Sócrates.
En Alemania, por el contrario, ambos partidos partían de una relativa igualdad (puesto que la Gran Coalición de Merkel integraba tanto a su partido, el CDS, como al SPD en casi igualdad de condiciones dado el empate en las pasadas elecciones). Sin embargo, como suele ocurrir cuando la izquierda se alía a la derecha, ésta ha acabado fagocitándola.La solución a la crisis del SPD, demasiado débil para intentar propuestas socialistas, ha sido obstaculizar todos los intentos de Merkel por realizar sus reformas liberales. El resultado es que la canciller se ha podido presentar como lastrada por unos obstruccionistas que no le permitían redondear una recuperación que, por otra parte, es asombrosa en una Alemania que, recordemos, debe sumar a la crisis sus años anteriores de estancamiento económico. Los abanderados naturales de las propuestas de Merkel, los liberales, han sido los que más han crecido, hasta recuperar su posición natural de tercera fuera política, listos para sumarse a una coalición con el CDS sin importarles estar en inferioridad respecto a este.
El batacazo del SPD, por otra parte, se ha materializado en un aumento importante de los votos para Die Linke (La Izquierda), que ha alcanzado su máximo histórico con casi un 12%. En un país tradicionalmente muy conservador, sobre todo en la zona de la antigua RFA, La Izquierda se ha visto obligada a apostar por la política local, luchando por obtener representación y gobierno y en los principales Landër y municipios, como Berlín, el más importante que gobiernan. Este nuevo panorama, si bien no les va a permitir influir en las políticas gubernamentales, si les proporciona un apoyo importante para replantearse coaliciones y pactos en zonas en las que es un partido bisagra.
Fotos: EFE.
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